
El próximo verano podría venir acompañado de un nuevo incremento en el coste de llenar el depósito. Los Técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA) ven posible que el Gobierno suprima el 30 de junio la rebaja del IVA aplicada a gasolinas y gasóleos, una medida que formaba parte del paquete anticrisis aprobado para contener el impacto de la escalada energética.
Ante la posibilidad de afrontar unas vacaciones con carburantes más caros, los expertos en mantenimiento de Euromaster recomiendan prestar atención a varios aspectos del vehículo que influyen directamente en el consumo. Algunas comprobaciones son sencillas, económicas e incluso gratuitas, pero pueden marcar diferencias significativas en trayectos largos.
Es una de las operaciones más simples y, al mismo tiempo, una de las más efectivas. Circular con una presión inferior a la recomendada aumenta la resistencia al rodamiento y obliga al motor a realizar un mayor esfuerzo para mover el vehículo.
Según datos de Michelin recogidos por Euromaster, conducir habitualmente con una presión incorrecta puede elevar el consumo de combustible hasta un 7 por ciento. Además, acelera el desgaste de los neumáticos y perjudica la seguridad al incrementar la distancia de frenado.
Los especialistas recomiendan comprobar las presiones al menos una vez al mes y siempre antes de emprender un viaje largo, especialmente si el vehículo va a circular cargado.
El motor necesita grandes cantidades de aire para funcionar correctamente. Cuando el filtro se encuentra obstruido, la entrada de oxígeno disminuye y la combustión es menos eficiente.
Euromaster advierte de que un filtro de aire en mal estado puede incrementar el consumo entre un 6 y un 10 por ciento, además de provocar una pérdida de rendimiento y aumentar el riesgo de averías mecánicas a largo plazo.
La recomendación general es sustituirlo cada 15.000 o 30.000 kilómetros, siempre siguiendo las indicaciones del fabricante.
Al margen de estas comprobaciones, existen otros factores relacionados con la carga del vehículo y la forma de conducir que también influyen de manera notable en el consumo.
Diversos estudios estiman que transportar entre 50 y 100 kilos adicionales puede incrementar el consumo alrededor de un 1 o un 2 por ciento, una diferencia que se amplifica en viajes largos y a velocidades elevadas.
Aunque muchas veces pasa desapercibido, cada kilogramo adicional obliga al motor a consumir más energía. Por eso antes de salir de viaje conviene retirar del vehículo equipaje, objetos o accesorios que no vaya a ser necesarios.
También es recomendable desmontar bacas, cofres de techo o portabicicletas si no van a ser utilizados, puesto que incrementan la resistencia aerodinámica y penalizan especialmente el consumo a velocidades de vías rápidas.
La forma de conducir influye tanto o más que el estado mecánico del vehículo. Mantener velocidades constantes, anticipar las frenadas y aceleraciones, utilizar marchas largas cuando sea posible y evitar acelerones innecesarios son hábitos que ayudan a reducir el gasto de carburante.
En viajes largos, una conducción suave puede traducirse en varios litros de ahorro al final del trayecto.
La velocidad es uno de los factores que más influyen en el consumo. A partir de 100 km/h, la resistencia aerodinámica crece rápidamente y obliga al motor a demandar más energía.
Pasar de ir a un ritmo de 120 a otro de 140 km/h, por ejemplo, supone gastar entre un 15 y un 30 por ciento más. Y es que la resistencia aerodinámica aumenta con el cuadrado de la velocidad y la potencia necesaria para vencerla lo hace aún más rápidamente, por lo que pequeños incrementos de velocidad pueden traducirse en aumentos significativos del consumo de combustible.
Usar correctamente el climatizador también ayuda a contener el consumo. Aunque el aire acondicionado incrementa ligeramente el gasto, circular con las ventanillas abiertas a velocidades elevadas suele ser menos eficiente por el aumento de la resistencia aerodinámica.
Comprobar niveles de aceite y refrigerante, el estado de bujías, verificar el estado de los frenos y asegurarse de que no existen averías ayuda a que todos los sistemas funcionen con la máxima eficiencia.
Un vehículo correctamente mantenido no sólo consume menos combustible, sino que también reduce el riesgo de sufrir incidencias durante las vacaciones.
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