
Sin unos presupuestos nuevos, específicos para 2026, no se llegarán a paralizar completamente las cuentas públicas pero sí se hará mucho más difícil disponer del dinero suficiente para lo que hace falta gastar el año que viene.
Lo explica con un ejemplo muy sencillo el economista de la Universidad Europea de Valencia Ernesto Campos: "es como si una familia intentara vivir hoy con la lista de la compra de 2023".
En lo que se refiere al pago de las pensiones y de los salarios de los empleados públicos (incluida la previsible subida anual) de principio no correría peligro porque el Gobierno puede actualizar la cuantía que estaba prevista en las cuentas del 2023. "Se hace sobre todo a través de la aprobación de Decretos-Ley", aclara Carlos Cruzado, Presidente del Sindicato de Técnicos de Hacienda GESTHA. Ahora bien, también recuerda que ese Decreto-Ley tiene que convalidarse posteriormente en el Congreso, algo que últimamente no le resulta tan sencillo al Ejecutivo.
Lo que sí se ve más directamente afectado por la ausencia de unas cuentas públicas actualizadas es la inversión pública, ya sea en vivienda o en infraestructuras. Todos aquellos proyectos que simplemente estaban anunciados o prometidos, pero que no llegaron nunca a tener una dotación económica aprobada, esos sí corren serio peligro. "Los planes que no estaban recogidos en anteriores presupuestos no pueden arrancar porque no hay partida creada", recuerda Ernesto Campos.
Lo mismo pasa con otros anuncios del Gobierno, como por ejemplo, el compromiso internacional adquirido con la OTAN de incrementar el gasto en Defensa en los próximos años. Sin presupuestos -dice Carlos Cruzado- ese acuerdo puede encontrarse con un serio problema.
Pero el mayor problema -y en eso coinciden los expertos que hemos consultado- es de reputación, la mala imagen que da una economía como la española que puede avanzar tres años consecutivos sobre la frágil base de unos parches presupuestarios.