
Resulta difícil entender como en los años 70 con el salario del cabeza de familia se alimentaba un hogar medio con tres hijos; se compraba un piso con la ayuda de una hipoteca con unos intereses que oscilaban entre el 12% y el 18%; se pagaban estudios universitarios, incluso, fuera del domicilio donde se residía; se compraba un vehículo utilitario y disfrutaban 15 días de veraneo. Este escenario es muy distinto hoy cuando en la mayoría de los hogares trabajan el padre y la madre y la media es de solo un hijo.
La realidad supera las expectativas. Es difícil comprender que con una tecnología de vanguardia, con los sistemas de producción más competitivos del mundo, con la clase social mejor formada de la historia, la situación de buena parte de los empleados sea de pobreza laboral. De ahí que más de la mitad de los trabajadores en España se muestren insatisfechos con su salario (50,3%), frente al 49,7% que cree que es el adecuado, según un Estudio sobre bienestar y salud laboral elaborado por la consultora Savia gestión.
En este sentido, el informe sostiene que los operarios españoles cada vez tienen más en cuenta otros aspectos, a parte del salario, a la hora de decantarse por un empleo u otro como, por ejemplo, la flexibilidad de horarios, el ambiente laboral, la capacidad de ascenso,... etc., pero la retribución sigue teniendo un peso primordial.
De los que opinan que su nómina no se ajusta con sus exigencias, un 25,7% lo acepta por la seguridad y bienestar laboral que le ofrece la compañía en cuanto a aspectos como los beneficios sociales, la retribución flexible, salario emocional, así como la salud laboral.
Por generaciones, se nota en exceso la brecha entre las diferentes edades. Los más insatisfechos son los baby boomers y la generación X, que se encuentran entre los 45 y 60 años. Mientras, los más jóvenes (generación Z, que comprende entre los 18 y 24 años) son los que se muestran más conformes con la retribución que perciben.
En este contexto, el 35,8% de la población española denuncia que no pudo afrontar gastos imprevistos el pasado año a pesar de tener trabajo, algunos incluso, estando pluriempleados, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE.
Por su parte, según UGT, casi el 18% de los empleados revelan que no puede irse de veraneo al menos una semana, un 1,8% más que el año anterior, según la Confederación Europea de Sindicatos (CES).
En toda la Unión Europea (UE), hasta 40 millones de personas trabajadoras (15% del total) no puede permitirse unas vacaciones fuera de casa de al menos siete días.
Los expertos consideran que a tenor de estos datos, las cifras para este año se presumen peores como consecuencia del aumento del precio de los paquetes estivales y la pérdida del poder adquisitivo por una mayor presión fiscal.
Según el informe Taxing Wages publicado recientemente por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el 40,6% del salario bruto de los trabajadores españoles solteros y sin hijos se destinó al pago de impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social en 2024, frente a una cuña fiscal media del 34,9% para el conjunto de las economías avanzadas de este grupo de naciones.
Por su parte, las cotizaciones sociales que pagaron las empresas supusieron el 23,4% y las abonadas por los trabajadores, un 5%, cuando el promedio de los miembros del think tank de los países desarrollados se situó en el 13,4% y el 8,1%, respectivamente.
Asimismo, casi 7,5 millones de españoles (el 36,9% del total) cobraron en 2023 menos de 15.120 euros anuales, es decir, por debajo del salario mínimo de ese año, según los últimos datos publicados por los técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), con motivo del Día Internacional del Trabajo.
Las consecuencias directas de esta situación son, entre otras, la constante pérdida de talento en el país y las enormes dificultades para encontrar profesionales cualificados en las empresas españolas.